Mirar los trenes. La mirada de un niño inocente. Los trenes pasan y la diversión del niño es cada vez más grande. El niño disfruta escuchando el sonido del tren que avanza a toda velocidad recorriendo la ciudad. El niño es feliz. No entiende que es el tren. Pero le provoca mucha alegría. Espera pacientemente a que pase el próximo. Y se vuelve a divertir. Sonríe ante el paso de cada ferrocarril.